Tan importante como medir es marcar

EN MATERIA OPINABLE: martin lopez lastra oAgendas cruzadas – Tan importante como medir es marcar -Por Martín López Lastra  (*)

 Mientras la gran mayoría sólo habla de las encuestas y la tan mentada intención de voto, se excluye el debate acerca de cómo se alimenta esa intención de voto y cómo se adquiere visibilidad positiva ante medios e instituciones.

    El tema pasa por medir, es cierto. Medir bien es consecuencia de haber alimentado un perfil coincidente con las inquietudes del electorado. 

   Pero el alimento del perfil pasa, en gran medida, por construir agenda e influir. 

   Pero nada es milagroso. 

    A veces se tiran millones de pesos en una campaña cuando, con un poco de reflexión se puede pasar al frente y ser lo más visible ante medios, sectores que influyen y generan opinión pública.

    Construir agenda es la fase superior de una simple y rutinaria salida en medios. Es salir en los medios con un objetivo:  el de obligar al contexto de actores a reaccionar o a responder por una acciòn o declaración.

    Es salir y generar dinámica en actores sociales y polìticos. Como señalan muchos teóricos es la dinámica de interacción entre agenda social, la mediática y la oficial.  Es decir, se alcanza el grado superior cuando alguien una respuesta de competidores (agenda polìtica dirigente), mayores repercusiones en los medios (agenda mediàtica) y consecuencias en el gobierno (agenda oficial).

    En este juego dinámico, los medios son receptores, aunque no pasivos y pueden ser amplificadores o detractores.  Pero toman el “estado de agenda” de cada candidato o dirigente. En primer lugar, toman su capital simbólico –por larga trayectoria o recientemente adquirido- para ver si pueden jugar este juego. 

    El presente de cada dirigente tendrá mucho que ver con su “poder de agenda”.  En primer lugar, deberá ser seleccionado por un medio que tenga “poder de agenda” o aquello que en la jerga se llama “poder de fuego”.

    En segundo lugar, será instalar alguna idea o propuesta que obligue a los demás a jugar ese juego.

    Desde la teoría tradicional se nos señala que hay un recorrido de cuatro fases entre la construcción y establecimiento de la agenda. 

    Este recorrido comprende la selección de un hecho en los medios; el resaltado de aquellos detalles más importantes y la arbitraria exclusión de otros; el vínculo del hecho con un paisaje (o contexto) reconocido y la generación de escenario de debate, con la participación de portavoces. Los portavoces son importantes porque amparan y respaldan o destruyen las propuestas que se han puesto en agenda.

 Qué pasa con Scioli

    Este tipo de análisis debería recomendarse con tanta periodicidad como el de las encuestas.  Obligan a una reflexión y análisis teórico, con menor desgaste, tal vez, que los sondeos electorales.

    Podríamos ir a algunos ejemplos.

   Scioli se puso en agenda mediática, y en un nivel competitivo, cuando decidió mimetizarse con el proyecto oficialista y con la propia Presidenta.   Despejó dudas sobre presuntas tibiezas y vacilaciones. 

   Scioli genera –se puede discutir de què manera- que sólo destaquen sus logros y excluir sus debilidades.  El vínculo con el contexto reconocido como es el discurso oficial, está implicito y no merece mayor consideración.

   Esto lo colocó como un delfín presidencial aún antes de una definición.  Porque obtuvo ese estado tras avanzar en las encuestas. 

    La fase de portavoces tiene dimensiones internas y externas al escenario del oficialismo. 

    Por caso, Florencio Randazzo salió a destruir con toda la intenciòn de ponerese en agenda como delfín altrnativo y como el guardíán de la doctrina de la fe o defensor ortodoxo del modelo más puro “k”.  Este portavoz, por el momento, pareciera padecer la violencia simbólica de las encuestas y de la mediatización de Scioli.

    Massa, Macri y sus circunstancias

 

    Por su parte, Sergio Massa, tuvo su mejor poder de agenda en el intervalo entre las primarias y generales de 2013.   Lo hizo como “primum interpares” de una liga de intendentes “herejes” del kirchnerismo, que ahora no son tantos.   

    Instaló  con éxito el debate por impuesto a las ganancias y la inseguridad como propia agenda y eso le favoreció un triunfo con amplitud en territorio bonaerense. 

    Sin embargo, ahora que tiene que remar desde abajo en las encuestas, parece que le cuesta mucho más recuperar su  iniciativa de agenda como hace dos años.  Llenó un estadio y cambió su estrategia de cara hacia las PASO.

    Por más que intente promesas más fuertes se le complica ante una diáspora importante de dirigentes e intendentes de alto capital simbólico y ante un escenario de polarización donde los medios esperan propuestas de “continuidad (modelo oficial) o de cambio”.

    Para el cambio, obvio es decirlo, la agenda mediática elige a otro portavoz que se muestra como alguien muy distinto, pero quien además gana esa caracterización de “distinto”  desde el oficialismo.           

   Es Mauricio Macri.  Y esta situación tambièn es alimentada, es sabido, por la Casa Rosada.  Macri es producto propio y de terceros como figura alternativa.

      Y como el parámetro instalado por la “patria de las consultoras” es esa disyuntiva rígida (continuidad o cambio), se entiende, en ese sentido el fortalecimiento de Macri. 

    Y también se entiende la exclusión de un Sergio Massa, a la cual él mismo alimenta cuando quiere subvertir tal disyuntiva.  Por ejemplo, cuando alude a la posible existencia de una situación ecléctica que le gusta representar con “la ancha calle de los argentinos”.

     Como los ejemplos expuestos, hay muchos.

     Lo importante es representar una dinámica de construcción, donde los candidatos son protagonistas, pero no están solos.   Dependen de determinadas alianzas con medios, sectores y portavoces que le allanan  el camino de instalación en la agenda mediática.

    Analizar este derrotero debería ser tan importante, reiteramos, como la medición en sondeos.  Porque describe un estado cualitativo de exposición que podría ayudar en decisiones de corregir o profundizar rumbos.

    No hace falta estudios masivos, ni cuantitativos.  Porque ese estado de exposición no depende de dimensiones espaciales o temporales como centimetrajes de columna o segundos en horario central de tv.

    Depende de una observación profunda de protagonistas, de sus acciones y de los cambiantes contextos con los que interactúan. 

    Es decir, explicar por qué  alguien mantiene la iniciativa de la agenda y con qué fuerza y por qué llega a perderla.  

     De esto se viene hablando hace mucho y hace falta avanzar en un debate sobre nuevas propuestas de análisis como la señalada.

 

Periodista y Lic en Comunicación Social (UNLP)

g.martin.lopez@gmail.com

Tw: @Martinlop

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